Primero fue la fase de los cólicos y el temor absoluto que teníamos a que Diego los padeciera. Había leído en un libro que ningún padre por experimentado que sea es capaz de oír el llanto de un bebé con cólicos sin estremecerse de terror. Pero tuvimos suerte, pasamos por esa fase sin pena ni gloria.
Más tarde llegó la hora de dejar la leche para pasar a los purés. – ¿Será un cambio fácil? – me preguntaba temerosa como madre primeriza; y la verdad es que lo fue, todo salió bastante natural.
Después vino el temido momento de dejar el chupete. Había oído auténticas historias de terror acerca de ese hito y toda una leyenda urbana sobre niños que dejan de dormir y no permiten tampoco que sus padres duerman. Pero en eso también nos fue bien; durante un fin de semana fuera de casa le dijimos a Diego que el chupete se nos había olvidado en Madrid y lo aceptó de una manera asombrosamente racional.
Cuando ya nos habíamos relajado pensando que lo teníamos todo controlado (y viendo la adolescencia como algo aún muy lejano), llegó nuestro momento más crítico de todos los que he sufrido como progenitora: el momento “sin pañal”. No sé muy bien cómo sobreviví a él (lo tengo todo en una nebulosa en mis recuerdos), pero os puedo decir, amigos, que no fue sencillo. Utilicé todos los recursos que tenía a mi alcance. Compré un orinal que imitaba un retrete pequeñito y que tenía un botón que si lo pulsabas sonaba una música. Le sobornaba con boles de lacasitos si era capaz de estarse un ratito sentado en el orinal (guardo testimonio gráfico). Le supliqué, le amenacé, le rogué, e incluso le lloré. Y eso a un niño de 2 años que lo único que quería era seguir llevando su pañal con el que se sentía seguro. Todo resultó en vano, y cuando me planteaba que tendría que cambiar pañales para el resto de mi vida, de repente algo hizo clic en su cabeza, a partir de ahí aprendió a controlar todo perfectamente y no volvimos a tener ningún problema, ni de día ni de noche. Pero algo se quedó inquieto dentro de mí, como los dolores del parto, que los olvidas pero siempre queda una semilla.
Pues bien, han pasado 3 años de eso, y aquí estoy de nuevo, esta vez con Guille, en su momento “sin pañal”. Y me siento de nuevo como en una película de terror. Me paso las tardes con la fregona en una mano y poniendo lavadoras con la otra. Y aunque sé que todo pasa, de momento no veo la luz, por más que cada pequeño logro lo celebremos como si nos hubiera tocado la lotería y Diego me mire como si hubiera perdido la cabeza del todo por aplaudir, dar saltos y cantar por cada pequeño pis de su hermano en un orinal.
Y como todo en esta vida hay que tomárselo con humor, os dejo el último artículo de las peripecias de un papá que me viene al pelo para el momento en el que me encuentro: “El momento del sinpa”. Leedlo, es muy divertido.

P.D.: Si alguien tiene recetas mágicas o trucos infalibles, que no lo dude y deje un comentario, toda ayuda será bien recibida ;)

P.D.2: Os dejamos un enlace a nuestro tablero de niños en el baño de Pinterest, para que encontréis inspiración

Sigue el tablero Kids and the bathroom – Los niños y el baño de Click&Boo en Pinterest.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Etiquetas: , , , ,